Esta fue una semana algo concurrida para la Guerra de las Galaxias. Un escándalo de censura por ahí, unas convenientemente oportunos anuncios por allá, cayó noticia tras noticia de la saga. Y todo apunta a que The Last Jedi, el episodio que estrena en menos de un mes, será una increíble película.

Revisemos. Hace unos días, Disney se consiguió riña con la comunidad periodística por su supuesta intervención en la política y los procesos electorales de Anaheim, California. La ciudad hospeda a Disneyland, y está en los intereses (y posibilidades) de la casa del ratón hacer negocios turbios con el gobierno. Por lo menos así dicen periodistas del Los Angeles Times. Acusaron a la corporación de explotar injustamente los subsidios ofrecidos a su parque temático y de invertir más de un millón de dólares para influir en las elecciones que el poblado tuvo el año pasado.

En respuesta, Disney le prohibió al periódico la entrada a los estrenos de Thor: Ragnarok, Coco y Star Wars: The Last Jedi. En cosa de nada, descendió sobre ellos el reproche del gremio. Críticos de diversos medios acordaron boicotear al estudio: si el L.A. Times no entra a las funciones, ninguno lo hará. Unas cuantas asociaciones y sindicatos, similarmente, bloquearon a las películas de Disney la participación en sus próximas entregas de premios.

Disney no tardó en retractarse. No vaya a perder vapor su locomotora (¿o bote?) hacia los Óscares, los Golden Globes y esos otros galardones que el público sí ve. Si un estudio puede darle la espalda a la crítica y las ceremonias, es Disney; y decidió no hacerlo.

Convenientemente esto coincidió con la trimestral reunión de inversionistas, en las que suelen darse a conocer noticias importantes para el estudio. En efecto: se anunció para Star Wars una nueva trilogía y una nueva serie live-action en el nuevo servicio de streaming de Disney, que competirá con Netflix. Y todo apunta a que The Last Jedi será una increíble película.

Rian Johnson dirige el próximo Episodio VIII, que en Latinoamérica se conoce como Los Últimos Jedi (nótese el plural). También se le ofreció la silla del Episodio IX, pero la rechazó. Ya sabemos por qué: está preparando una nueva trilogía, separada de la saga Skywalker, que dirigirá bajo su propio control creativo.

De Johnson, por cierto, sólo se dicen maravillas. En estas producciones el elenco y el crew suelen aplaudirse falsamente para promocionar la película (duele ver a Chris Evans fingir que le importa un comino la saga de los Avengers), pero en este caso parece ser auténtico. Carrie Fisher y Mark Hamill aplaudieron su capacidad como director; la productora Kathleen Kennedy lo alaba como a nadie en su extensa carrera. Los hechos lo respaldan: The Last Jedi cerró producción a tiempo y con meses de sobra, algo casi imposible de ver con este tipo de películas.

Repasemos. Un Disney preocupado por quedar bien con la crítica. Aplausos unánimes de veteranos de industria a un director relativamente novato. Una película terminada a tiempo y en forma. Toda una trilogía en manos de Rian Johnson, después de que se le ofrezca el Episodio IX. Ni se ha estrenado The Last Jedi, ni se ha mostrado a audiencias de prueba, y los altos rangos de Lucasfilm confían lo suficiente en el director como para darle tres películas como un cheque creativo en blanco para explotar su genio.

Arriesgándome a poner mis expectativas irracionalmente en alto: tengo la esperanza de que The Last Jedi se codeará con Empire Strikes Back por el título de mejor película de Star Wars. La confianza que Lucasfilm tiene en Rian Johnson es suficiente para convencerme.