Este fin estrena Capitana Marvel, la última apuesta del homónimo estudio. La película entrega lo que se le espera y no mucho más, pero lo que da de qué hablar es la recepción a la primera heroína titular del gigante de cómics.

Capitana Marvel protagoniza a Brie Larson como Carol Danvers, superheroína entrelazada en una conspiración alienígena. El consenso apunta a que es una satisfactoria aplicación más de la refinada fórmula Marvel; esa que se ha ordeñado por casi dos docenas de películas. Exactamente lo que esperas cuando entras a la sala.

Una más de Marvel, para bien y para mal

Primero hay que sacar del tablero todo lo que sí se le puede criticar. No es más que otra ejecución de la misma estructura. Algunos fans temen, sin mucho sustento, que Carol tenga un papel no merecido en la entrega final de los Vengadores. Otros son ambivalentes hacia la Capitana, sus arcos recientes en cómics han dejado que desear. A otras audiencias el tráiler simplemente no les vende la película. Unos cuantos y cuantas son escépticos de ver a Hollywood montándose a medias y a falsas en un movimiento social.

Nada de eso vas a escuchar, por lo menos no con autenticidad, de la gran mayoría de los detractores. El abrumador backlash hacia Capitana Marvel, el que causó un saboteo en Rotten Tomatoes vía reseñas de audiencia (cuando la película ni siquiera había estrenado), no es más que la masculinidad frágil y misoginia resentida que hemos llegado a esperar de incels, niños rata y demás tipificaciones del prototípico ñoño.

Capitana Marvel, no Capitana Feminazi

“Ah, pero Gerardo” – dirás – “¿que no sabes que Brie Larson es racista y sexista? ¡Dijo que odia a los hombres blancos!”. A ver. Ese es un ridículo teléfono descompuesto y, además, una muy transparente excusa, mi amigo respondón.

Larson dijo que, a lo largo de sus tours de prensa, notó que los periodistas de cine eran exhaustivamente hombres caucásicos cuarentones. Comisionó una investigación académica para asegurarse de que sus ojos no le engañaran. Se lamentó de esta homogeneidad, pues considera que ellos no son las únicas demografías que ven cine. No sé ustedes, pero no creo que reconocer que existen las audiencias meta sea un llamado al genocidio masculino.

Solo hay que pasarse por cualquier sección de comentarios para notar que el resentimiento tiene que ver más bien con machos inseguros, ofendidos ante la idea de una mujer (super-) empoderada. Como pasó con Star Wars: The Last Jedi, jugarán al boicot en su arenero mientras el resto del mundo disfruta la película.