Entre los últimos episodios del hito cultural que es Game of Thrones y la gran ola de universos cinematográficos interconectados con narrativas (o sea, Marvel y las copias fracasadas) el terreno pop audiovisual ha adoptado una de las peores vicios de los géneros y medios nicho: la fijación por las “teorías”.

No es una teoría, es foreshadowing

Cuando salió Avengers: Infinity War, ¿escuchaste la teoría de que Dr. Strange le dio la Gema del Tiempo a Thanos a propósito porque era parte del plan? O, antes del episodio 3 de la temporada 8 de Game of Thrones, ¿te enteraste de la teoría de que iban a revivir todos los cadáveres en la cripta de los Stark?

Pues ambas resultaron ciertas. Solo hay un problema: ninguna de esas son teorías. Son foreshadowing.

Hay una diferencia fundamental entre la especulación sobre los caminos narrativos que tomará una historia y el recurso literario mediante el cual el autor sugiere lo que llegará a pasar. Pero a las audiencias aparentemente se le complica separar una de la otra.

En los dos casos, el guión deliberadamente te dijo lo que va a pasar. No se te ocurrió a ti, ni al autor de ese artículo pitero que compartiste en Facebook. Solo pudiese haber sido más obvio si Doctor Strange voltease a la cámara a explicar su plan.

Si tanto necesitas una historia donde sea claro y explícito cada vez que te dicen qué va a pasar, creo que Peppa Pig está en Netflix.

Pausa y paréntesis. Ya que estamos hablando de qué es y qué no es una teoría: en el contexto científico no significa lo que crees que significa. La palabra que estás pensando probablemente es “hipótesis”. En la ciencia, una teoría es una explicación que ya ha sido comprobada. Así que no se vale decir “la evolución es solo una teoría”. No tiene nada que ver con el tema, pero me traía esa piedra en los zapatos desde hace unos meses.

El chiste no es ganarle a los guionistas de Game of Thrones

Hay esta mentalidad, predominante en series de televisión medio cerebrales, de acercarse a la especulación como si fuese una carrera contra los guionistas. “¡Ajá! Sé que me quieres agarrar desprevenido, pero veo venir lo que vas a hacer!”.

La naturaleza lúdica de la especulación se convierte en una especie de reto intelectual. El disfrute se vuelve condicional a ganarles – el producto audiovisual es bueno si, y solo si, le da la razón a las teorías y especulaciones con las que uno entra.

Con esas expectativas, cualquier cosa sería decepcionante.

Comprendo de dónde sale este acercamiento. La audiencia siempre quiere saber qué va a pasar; eso ancla el disfrute de la ficción. Y las personas siempre queremos tener la razón. Son las mismas razones por las que alguien leería libros solo para adelantarse a la adaptación audiovisual (o ingenuamente, se pondría a leer comics pensando que así puede predecir hacia dónde va a ir el Universo Cinematográfico Marvel).

Y aquí el gran ejemplo es La Batalla de Winterfell en Game of Thrones. Todos entraron con sus teorías sobre el Rey de la Noche, sobre Bran y sobre de quién chingaos habla la profecía del Príncipe Prometido Azor Ahai. Y todos salieron decepcionados porque la conclusión terminó siendo mucho menos compleja de lo que esperaban.

Tal vez ha de ser momento de pausar, dar dos pasos hacia atrás y reflexionar sobre qué te trae disfrute de las series y películas que ves. Porque si es nada más las ganas de creerte más inteligente que los guionistas por crear narrativas más complejas y convolutadas…tal vez el problema eres tú.