Ah. Es como navidad para nerds. ¿Un título y un trailer? Gracias Disney. La semana pasada, en Star Wars Celebration Chicago, aprendimos que el título del Episodio IX es Star Wars: The Rise of Skywalker.

Aunque el trailer me dejó emocionado (más emocionado que el fan promedio que odia la serie desde The Last Jedi, diría yo), sí soy escéptico a dos factores que pueden hacer o deshacer la película.

Por favor, tengan cuidado con Kylo Ren

En primera, Kylo Ren es un tema delicado. Este no es el mejor de los momentos para retratar hombres blancos jóvenes, emocionalmente inmaduros, radicalizados hacia la violencia y el fascismo por creerse rechazados por la sociedad. El vínculo es demasiado obvio para no ser abordado de alguna forma.

Tampoco aprecio la posibilidad de que termine redimido por las buenas obras de Rey. Ya es hora de retirar el tropo del niño malo salvado por la niña buena que lo quiere mucho y se ofrece a ser su muleta emocional.

No tiene que ser así. Creo y espero que Kathleen Kennedy y JJ Abrams saben qué hacer con el personaje. También creo que puede (más bien debe) redimirse, pero el guión debe ser muy cuidadoso con cómo lo plantea y retrata para que funcione. No es imposible. Ver a Zuko en Avatar: la leyenda de Aang para un manual de instrucciones.
Kylo ha de ser el Skywalker que asciende — pero es terreno delicado donde es más fácil hacerlo mal que bien.

The Rise of Skywalker no debe borrar The Last Jedi

En segunda, el noveno episodio no debe borrar el octavo. Una muy agresiva minoría vocal odió abrasivamente The Last Jedi. Por varias cosas, una siendo el divorcio con la tradición narrativa que marca a Star Wars (y otros… por las mismas razones que odiaron Capitana Marvel).

Ahora, el sable Skywalker y la máscara de Kylo Ren – ambos ceremonialmente destruidos en el episodio anterior – están de vuelta. Su destrucción representó el rompimiento con el pasado, tanto dentro como fuera de la narrativa. ¿Qué significa su regreso?

Kylo originalmente se planteó, a través del casco, como una patética imitación de Darth Vader en un brillante comentario metanarrativo. La destrucción del mismo significó su crecimiento como personaje más allá de la sombra de su abuelo. El sable es el vínculo a la tradición Skywalker y a los Jedi, y ahora está de vuelta en la cintura de Rey.

Es de mencionar, también, el contraste entre dos frases que resuenan en ambas películas: “olvida el pasado, mátalo si es necesario” contra “nada nunca está completamente ido”.
O sea, el más grande temor es que esta película sea un “olviden todo lo que acaban de ver, regresemos a lo que ya conocen”. Pero no tiene que ser así.
La nueva trilogía está en toda posición para ser una reproducción del modelo planteamiento-deconstrucción-reconstrucción. Las primeras dos trilogías hicieron lo mismo dentro de la trama – y la tercera puede hacerlo de forma metanarrativa, sobre la trama.

The Rise of Skywalker puede (debe) ser la síntesis de la tesis que fue The Foce Awakens y la antítesis que fue The Last Jedi. El octavo episodio deconstruyó. El noveno no puede fingir que eso no pasó, debe reconstruir sobre los escombros.