Era intuitivo que el escándalo de Harvey Weinstein abriría la puerta a otras acusaciones de acoso sexual en la industria del cine. En Hollywood, es secreto a voces quiénes son depredadores. Lo único que les protege –o protegía– era el miedo de otros a entrar en una batalla legal con alguien tan influyente.

Después de que más de una docena de mujeres acusen a Weinstein de acoso y violación, y después de que muchas y muchos otros en la industria den testimonio de la perversión del productor, otras figuras públicas empezaron a ser señaladas. La única historia que pegó, la única que causó un escándalo –hasta ahora– es la de Kevin Spacey.

Las acusaciones contra Spacey no son exactamente insólitas. Ya era rumor tanto su homosexualidad como su comportamiento inapropiado con hombres jóvenes. Pero cuando Anthony Rapp lo acusó de intentar tener relaciones con él cuando Rapp sólo tenía 14 años, no fue chisme alguno.

Spacey respondió desviando la narrativa. En su Twitter, se “disculpó” sin admitir culpa y aprovechó el momento para anunciar que era gay. Fue una estrategia despreciable, pero efectiva: la noticia pasó de ser “Kevin Spacey acusado de intento de violación” a “Kevin Spacey sale del clóset”. Como si hiciese falta algo que refuerce el despreciable estereotipo de que los hombres gay son depredadores.

Desde entonces, otros dos hombres ya se han declarado víctimas. Un reportaje, citando personal de la serie House of Cards, afirma que Spacey y su comportamiento depredatorio hacía del set un espacio tóxico para hombres jóvenes.

Entre las diferentes respuestas del público al escándalo, he notado una particularmente peligrosa. Algunos usuarios de redes sociales descartan la noticia como un chisme o como un suceso de farándula irrelevante, perteneciente a los escaparates de espectáculo y nada más. Lo reducen a algo inconsecuente, merecedor de compartir página sólo con notas sórdidas como quien sea que esté saliendo con Justin Bieber o si Miley Cyrus se hizo un tatuaje. Una riña entre celebridades que quieren sus quince minutos de fama a expensas de un exitoso actor, haciendo noticia algo que es cosa de todos los días en la industria ¿no?

En efecto el comportamiento de Spacey era secreto a voces. Pero eso no es la noticia. La noticia es que alguien se atrevió a dar la cara y acusarlo. La noticia es que otros han salido a ratificar la historia. Todos lo sabían, pero nadie dijo nada hasta ahora.

Sí, el tipo de acoso del son acusados Weinstein o Spacey es tristemente común en Hollywood. Pero tratarlo de esa manera, actuar como si ese fue el estado natural de las cosas, lo normaliza. El acoso sucede exactamente porque otros lo permiten, dándole poca importancia nada más porque “así son las cosas en la industria”.

Esto no es una noticia de chisme de farándula. Es la industria del cine cambiando, señalando la conducta reprochable de quienes antes estaban protegidos por su poder. Muchos están por caer.

No es la primera vez que Hollywood tiene escándalos de agresión sexual, y no es la primera vez que el perpetrador tiene consecuencias. Pero por primera vez, gracias a la era hipermediática en la que vivimos, está sucediendo completamente en el ojo público. Roman Polanski vio su carrera herida (pero no muerta) cuando violó a una menor de edad en 1977. Hasta ahora, no puede tocar Estados Unidos sin ser arrestado. Pero las consecuencias de Polanski son legales, no por parte de su propia industria, como es con Weinstein.

Harvey, en cosa de nada, perdió su compañía, fue expulsado de la Academia y del sindicato de productores. La mayoría de sus frecuentes colaboradores le dieron la espalda. Su carrera está arruinada.

Kevin Spacey no está teniendo tantas consecuencias como Weinstein. Netflix anunció la cancelación de House of Cards –serie que protagoniza—, pero no fue producto de las acusaciones. Se acordó durante el verano que la serie terminaría con su sexta temporada y Netflix aprovechó el escándalo para dar buena cara y deslindarse del actor. Por el momento, la producción está pausada mientras se llevan a cabo investigaciones. No hay que ser un genio para darse cuenta que Spacey está recibiendo más simpatía por ser una figura más pública que Weinstein.

Entonces, aquí se plantea un panorama a futuro interesante: más y más personalidades del mundo del cine serán acusadas. Será interesante ver como se desenvuelven las próximas alegaciones y cómo responden el público. Quienes obran detrás de la cámara, desconocidos por el espectador promedio, probablemente verán su carrera en pedazos. Los que ya eran famosos tal vez encuentren más simpatía, habiendo ganado el beneficio de la duda meramente por tener un nombre y cara reconocibles. Nos daremos cuenta, creo yo, a lo largo de las próximas semanas, mientras se desarrolle el caso de Spacey.