A primera vista, el mayor problema de la opera prima de Sofia Coppola — ‘The Virgin Suicides’ — parece auto-infligido. Y si no fuese por lo que podemos aprender del resto de su obra, lo sería.

Las hermanas Lisbon – las titulares virgenes suicidas – son figuras idealizadas y mistificadas de la adolescencia femenina. Es por eso que se sienten tan pobremente desarrolladas como personajes: si la escritora y directora fuese a explorarlas más a fondo, se vería obligada a mostrarlas como personas reales y complejas, y dejaría atrás su visión.

The Virgin Suicides: miradas y estigmas

Los reales “protagonistas” de la película, si se les puede llamar así, son el grupo de niños obsesionados con las hermanas. Con ellos se presenta un problema similar: hacerlos personajes complejos alejaría la atención del sujeto. Significaría gastar preciosos minutos en desarrollar personajes que sirven de perspectiva para la audiencia.

Los niños nos representan a nosotros, espectadores, con expectativas idealizadas y superficiales de las mujeres. Son John Cusack levantando una estéreo frente a la ventana de una chica que apenas conoce. Son Ted Mosby declarándose enamorado con sólo escuchar un incorpóreo canto. Son Joseph Gordon-Levitt obsesionado con una idealizada Zooey Deschanel en 500 Days of Summer.

Pero Coppola no señala. No juzga. No declara culpables. La directora sólo documenta. La obsesión de los niños no causa los proféticos suicidios, Tampoco la presión de la sociedad. El colectivo suicidio no impacta significativamente en el plano emocional de los niños. Las hermanas Lisbon, parafraseando las últimas palabras de la película, son tan distantes y perfectas en muerte como lo fueron en vida. Sofia Coppola retrata el sentimiento de ser mistificado.

Se podría decir que los problemas de caracterización en ‘The Virgin Suicides’ ponen en evidencias las faltas de Sofia como escritora: alguien competente jamás dejaría que su obra le limite de esa manera. Pero un análisis más a fondo de su obra descubre una intención artística subyacente.

Lost in Translation: miradas mitificantes

Lost In Translation — Perdidos en Tokio — trata a sus personajes de una manera similar (hilarantemente, el título original de la película viene de una locución inglesa que significa lo que se pierde en una traducción, pero al no tener equivalente directo en español, se vuelve un ejemplo de sí misma).

Bob (Bill Murray) y Charlotte (Scarlett Johansson) están — por razones independientes — emocionalmente y geográficamente aislados. Se conocen en un hotel en Tokio, donde el metafórico y físico aislamiento los transforma en figuras melancólicas. Tienen un encuentro que no se puede describir como romántico ni como platónico. Son dos almas perdidas que se encuentran a compartir su soledad.

Coppola, para ilustrar los sentimientos de sus personajes, nos los muestra como ellos mismos se ven. Nos adentra en lo que sienten al retratarlos como figuras casi impresionistas.

La directora muestra una serie de respuestas emocionales, complementados por la música y la fotografía. Olvídense del quiénes son y del qué quieren. Lost In Translation, y la obra de Coppola en general, es sobre qué sienten.

¿Son personajes narrativamente subdesarrollados? Sí. ¿Eso los hace carentes? No necesariamente. Recae en el talento de los intérpretes. Murray y Johansson toman a personajes que son más sentimientos que personas, y hacen de ellos figuras intrigantes. Largos planos e íntimos close-ups esconden cautivadoras miradas y desgastantes voces. Hacen que nosotros como audiencia nos preocupemos por ellos, que entendamos lo que sienten.

Sus personajes cambian en lo narrativo, pero esos son solo periféricos a la emocional. Coppola no muestra desarrollo. No quiere mostrar a sus personajes conquistando retos o evolucionando como personas.

Coppola quiere capturar un sentimiento, y desglosarlo por 90 minutos. Sus personajes no son buenos ni malos, no son acusaciones ni glorificaciones, no son héroes ni villanos. Los personajes de Coppola simplemente son.

Bling Ring: miradas penetrantes y letárgicas

El resto de la obra de la directora presenta personajes ejecutados de manera similar, pero el variable talento de sus actores limita mucho la realización de su intención.

Hasta en probablemente su peor película, The Bling Ring, lo vemos. Marc, el leading man, es ajeno pero presente en el grupo de chicas criminales que protagonizan la película. Refleja al grupo mismo, ajenos pero presentes en las casas de los famosos que roban; y a nosotros como audiencia, ajenos pero presentes en las vidas de estas personajes. Lástima que el actor no es lo suficientemente talentoso ni la película lo adecuadamente orientada para llevar eso más allá de lo superficial.

Palabras finales

Nos fascinan los niños de The Virgin Suicides porque, conscientemente o no, nos vemos reflejados en cómo piensan de las hermanas Lisbon. Nos fascina Bob en Lost In Translation, porque la actuación de Bill Murray esconde una complejidad oculta. Marc, en The Bling Ring, aunque carece de substancial comentario o actuación, es otra perspectiva masculina que proporciona los ojos mediante los cuales la audiencia ve lo que sucede.

Sea cual sea el producto final, es indudable que la manera en la cual Sofia Coppola usa figuras masculinas como perspectiva para decir lo que tiene que decir sobre sus mujeres es única e invaluable. A mi parecer, la directora tiene una voz y una visión extraordinarias. Todavía no se ha concretizado en la constelación de los creadores que marcaron el cine, pero sin duda un día lo hará.