Tremenda falta de respeto fue que el pasado 25 de mayo se haya celebrado como Día del Orgullo Geek y no como lo que merece ser: Día de la Toalla. Las buenas costumbres no perduran.

El Día del Orgullo Geek (u Orgullo Friki, porque se lo debemos a los españoles) se conmemora en el aniversario del estreno de la primera entrega de Star Wars y se celebra con todo lo estereotípicamente ñoño. Y esa es la cosa, que se queda en lo estereotípico. Es geek en el mismo sentido que The Big Bang Theory lo es.

Además, ¿qué se celebra cuando se habla de “orgullo”? Resistencia. El orgullo LGBT es un acto de respuesta a una ideología dominante de discriminación. Lo mismo con el orgullo negro. Es una voz que con valentía le reclama a la cultura hegemónica: “no me importa que me digas que soy inferior por cómo nací”.

El orgullo geek es casi una burla de eso. Sobre todo estos días, que tanto está de moda eso de “los gamers son la minoría más discriminada de la sociedad”. Ya saben. Fanboys misántropos con complejos de persecución que creen que el mundo los odia por las cosas que les gustan.

Y es que solo así sería verdaderamente un “orgullo”, ¿no? Solo si realmente existiese opresión habría la necesidad de estar orgulloso, y el mundo real no es así.

Digo, los gustos que se celebran el 25 de mayo no son más que cultura pop. Lo siento, pero no eres una minoría discriminada si te gusta Star Wars y los videojuegos. Las películas adolescentes retro te mintieron. Ningún jock te quiere meter al casillero; chance y más bien quiere hablar del nuevo Zelda contigo.

Parafraseo una de las líneas más punzantes del guion de The Social Network, de Aaron Sorkin: vas a pasar el resto de tu vida pensando que a la gente no le caes bien porque eres un nerd. Quiero que sepas que no será por eso. Será porque eres un ser imbécil.

Como alternativa a todo ese circo, apunto mejor al Día de la Toalla. Se celebra el mismo día y conmemora al genio literario Douglas Adams y a su obra: la trilogía en cinco libros de La Guía del Viajero Intergaláctico.

Adams fue un absurdista de primera. Su facilidad con las palabras y único sentido del humor son inigualables. Y lo conmemoramos con toallas. ¿Qué mejor forma de celebrar al hombre que escribió “las naves espaciales flotaron en el cielo de la misma forma en la que los ladrillos no lo hacen”?