Hay una tendencia mediática, incrustada en los confines del sensacionalismo, que crea polémicas de la nada para burlarlas. Al centro de la táctica está una palabra ya drenada de significado: ofender. “Estos días todo es ofensivo”, dicen sin entender por qué: es ofensa, pero porque está diseñado para ofender a los que se ofenden de que otros se ofendan.

Basta con tomar una publicación de Internet y torcerla hasta que quepa en un marco de ofensa. Cualquier postura, opinión, observación o planteamiento se puede contorsionar hasta dar con un encabezada que grite: “¡alguien se está ofendiendo!”.

Algo de pensamiento crítico, por favor

Habrá que revisar mucho el quién y el por qué. Muchas veces, los “ofendidos” son insignificantes y la “ofensa” es más bien una observación, crítica o hasta una broma.

Así, una serie de chistes sin mucha trascendencia sobre que Santa Claus siempre sea hombre; un publicación de PETA sobre el lenguaje anti-animal; o hasta un manual de estilo académico se distorsionan y convierten en encabezados engañosos ridiculizando ofendidos que no existen (y alimentando la indignación de otros que sí).

No es ofensa, es preocupación bajo asalto ideológico

Hasta atrás este sensacionalismo esconde las intenciones de alimentar un aparato ideológico. Sirve para maliciosamente minimizar y ridiculizar los problemas y discursos de cuál sea el sector de la población que revisten como “ofendidos”.

Una docena de mujeres quejándose en Twitter de que el nuevo iPhone es demasiado grande se reviste fácilmente como “a las feminazis les ofende el tamaño del iPhone”. El mecanismo funciona cuando alguien, apático y desinformado, exclama “ya hasta el es iPhone machista“. Lectores, les aseguro: ninguna feminista está marchando por la calle por cuántas pulgadas miden los teléfonos inteligentes (ni por nada más que se mida en pulgadas, por cierto, porque no todo se trata de tu pene).

Para ver lo politizado de estos mecanismos, no hay más ejemplo que la prohibición de popotes en los restaurantes californianos. La ley es de índole ecologista y busca reducir el deshecho innecesario de plástico. Pero para la derecha reaccionaria estadounidense, en su mundo hipersensible, aparentemente es porque a los millennials les ofenden los popotes. No se necesita mucho cráneo para darse cuenta de que por ahí no va la cosa.

Así que no, no es que “a todos les ofende todo“. Es que preocupaciones legítimas están siendo deliberadamente malinterpretadas y artificialmente equiparadas a berrinches hiperbólicos. Sensacionalistas alimentan a la indignación de reaccionarios y manufacturan controversias para, irónicamente, ofender.