¡Oye!, te tengo una oferta de negocios en la que puedes ser tu propio jefe, poner tus propias horas, ganar tanto como tú quieras y trabajar desde tu casa. Lo mejor: ¡no necesitas experiencia alguna! ¡Te juro que no es una de esas estafas piramidales!

Sí reconociste esas palabras, y alguna vez te has preguntado como demonios se las arreglan para que todavía vender ese absurdo, charlatán y fraudulento pitch, sigue leyendo. Si te lo creíste… contáctame, tengo un tiempo compartido que te quiero vender.

Cuando empecé a escribir y tecleé las palabras “estafas piramidales“, pensé por un momento retroceder y cambiarlo a “negocios piramidales”, o “esquemas piramidales”. Pero no, mejor dejarlo en “estafas”. Eso son. Lo mismo para todas esas otras etiquetas camaleónicas que se traen (multinivel, network marketing…). Son estafas, ¿okay? ¿todos en el mismo canal?

“Embudo invertido” le dicen.

¿Cómo funcionan las estafas piramidales si ya “todos” reconocen?

Bueno, y si es tan fácil reconocerlo como una estafa, si ya tantas personas se saben de memoria ese pitch, ¿por qué siguen funcionando? La respuesta más obvia sería que todavía hay unas cuantas personas que no lo reconocen. Pero eso no explica por qué los estafadores siguen recurriendo a la misma retórica, cuando podrían cambiar a una nueva menos obvia y así enganchar a unas cuantas personas ya vacunadas contra la vieja.

La obviedad de la estafa es similar a la del fraude del príncipe nigeriano. Por si nunca se te apareció en tu bandeja de entrada, es un correo electrónico supuestamente proveniente de realeza africana. El príncipe quiere transferir dinero fuera de su país y para hacerlo necesita tu asistencia. Para demostrar que sí lo puedes ayudar, te pide un pequeño depósito que se te será reembolsado junto con una módica cantidad de agradecimiento.

Este mero.

Después de la transferencia, el supuesto príncipe desaparece. Otras versiones del mismo fraude incluyen herencias de tíos gringos desconocidos, loterías para las que no se compra boleto y ricos prisioneros españoles. La premisa es tan ridícula que rápidamente se volvió infame. A pesar de lo reconocible que es la estafa, todavía se usa y todavía funciona, ¿por qué?

Vendiéndole al menor común denominador

Un estudio de Microsoft, hace unos años, encontró curiosos resultados al respecto. Los estafadores, al parecer, recurren a estafas obvias porque son obvias.

Defraudar a alguien cuesta tiempo y dinero. Los que caen no caen así como así. Tienen que ser lentamente seducidos. Una larga correspondencia es necesaria para separar a los incrédulos de su dinero.

Los estafadores no quieren perder el tiempo intentando timar a personas que tienen el criterio para identificar sus estafas. Tienen que irse por los más inocentes y estúpidos. Resulta, según el estudio de Microsoft, que el mejor filtro para descartar a los escépticos es usar estafas infames y ridículas. Si alejas al 99% de la población que reconoce el timo del príncipe nigeriano (o que simplemente no se cree tan absurdo cuento), entonces el 1% que queda van a ser los más fáciles de estafar.

Lo mismo con esos “negocios” donde “puedes emprender, poner tus propias horas y ganar tanto dinero como quieras”. Lo obvia que es la estafa repele de inmediato a personas con criterio o educación financiera. Las que quedan son las que se van a tragar enterito el cuento.